Uno de ellos es la mitomanía o exaltación del sujeto futbolero como héroe, como ejemplo a seguir por la comunidad. Dios nos coja confesados. Supongo que si pongo nombre y apellidos a todo esto conseguiré que no huyan despavoridos de este blog.
El 23
| Siempre blanquizaul |
Esa criatura se limita a repetir el discurso divinizador que una parte de la afición ha mantenido y que nos ha llevado a casi una escisión en la grada: los tamudistas y los graciasportodoTamudoperoestosehaacabado.
Del mismo modo, cuando Galán, desafortunadamente, introdujo el balón en la meta de Cristian, no dejaba de llamarlo inútil.
Conclusión: las mitomanias crean futuros energúmenos acríticos. Ayudemos a nuestra juventud: no seamos becerros.
El Mesías y sus fans
Aprovecho para compartir mi risa con ustedes. El affaire Guardiola-Ibra, con el manifiesto desprecio hacia el entrenador por parte del jugador y de su representante, han movilizado a toda la caverna mediática catalana.
La defensa de TV3 y los tebeos satélites de su Mesías ha sido de libro. De libro de religión. Ellos tienen su mito, infalible, como el Papa. Y así lo transmiten a sus masas en el Año 3 de la Victoria que, cegadas por la pasión, son incapaces de preguntarse que coño ha pasado y dónde han ido a parar tantos minolles.
Lástima que sean monoteístas y, por tanto, excluyan a todo aquel que no sea de su religión. Si no serian graciosos y hasta simpáticos. Bueno, vale, reconozco que algunos de ellos son buena gente. Hasta son amigos.